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Fashion Revolution, hablemos de la moda argentina

Cuando Carry Somers y Orsola de Castro fundaron Fashion Revolution, eligieron a las redes sociales como motor y a los ciudadanos como blanco de su acción. Conmocionadas por el derrumbe del edificio Rana Plaza en Bangladesh, dijeron: basta, es suficiente. Interpelaron a los consumidores con la consigna ¿Quién hace tu ropa? y para el aniversario de la tragedia el hashtag #whomademyclothes tuvo un alcance de 63 millones de impresiones y fue tendencia mundial en tuiter. Imagen superior: Fashion Revolution

A ellas se les sumaron otras voces y organizaciones dispuestas a revelar el lado más oscuro de la moda, ese que no cuida ni a las personas que trabajan en ella ni al planeta. A tres años de la tragedia que dejó un saldo más de 1.100 muertos y 2.500 heridos, en las fábricas textiles se sigue discutiendo a qué altura se colocan los matafuegos. El sistema de producción de las grandes marcas involucradas no ha cambiado y según los informes de Campaña Ropa Limpia, si no se hacen los cambios estructurales necesarios, el desastre podría repetirse.

La actuación de Fashion Revolution no se reduce a una semana. Actualmente elaboran un índice de transparencia de marcas junto a Consumo Ético, a lo largo del 2015 participaron en eventos de la Unión Europea, el  G-7, Naciones Unidas y el foro COP21,  también organizaron eventos en el parlamento británico y otros parlamentos europeos, y publicaron su primer reporte especificando qué cambios esperan de la industria. ‘Estamos seguros de que el tema se mantendrá en la agenda política debido al lanzamiento de la European Commission’s Garment Initiative 2016, en la que colaboraremos como un actor clave’,  declaró Carry Somers en una entrevista reciente en The Huffington Post.

 

Fashion Revolution en Argentina

Fashion Revolution Argentina organizó una serie de conferencias y debates en un encuentro en la ciudad de Buenos Aires el pasado 20 de abril, sumándose a las acciones que se replican en 70 países para el aniversario de la tragedia de Rana Plaza. A lo largo de tres horas, académicos, emprendedores, diseñadores y  representantes de varias ONG y el Estado,  expusieron sus ideas y experiencias en torno a moda y sustentabilidad ante un auditorio completo -220 personas- integrado por una enorme mayoría de mujeres.

A partir de los relatos individuales, con enfoques diversos y abarcando distintos aspectos de la moda y la sustentabilidad, la propuesta resultó un contexto apropiado para reflexionar acerca de nuestro sistema de moda actual y preguntarnos qué queremos para la moda argentina.

Dejamos el auditorio con varias preguntas acerca de lo que escuchamos, y también de lo que no se mencionó y nos hubiera gustado escuchar. Con Caro Urresti de Guaraní Porá y María Laura Leiva y Luz Arpajou de Abre – oradoras del encuentro- seguimos intercambiando ideas a la salida del evento y en un encuentro posterior. Compartimos algunos párrafos de esa reflexión colectiva.

‘El Fashion Revolution Day es un día para pensar, un disparador, un llamado a la reflexión. Como diseñadores es un volver a pensar en qué lugar estamos parados, qué queremos y hacia donde estamos yendo.’  Abre

 

¿Qué viste la calle?

Moda rápida: Avellaneda y NazcaBarrio de Flores, mayo 2016

La moda rápida se caracteriza por el enorme volumen de ropa a bajo precio que lanza al mercado casi sin respiro, en dónde la variable de ajuste para los bajos costos es la mano de obra. Está generalmente asociada a las grandes tiendas en cadena que tercerizan su producción en países con bajos costos laborales y controles estatales deficientes. Si bien en nuestro país encontramos a un representante de este esquema de producción en Zara, consideremos que no es el único modelo generador de moda rápida local. Siendo que el 78 % del trabajo en el sector de la indumentaria argentina es informal, alcanzando distintos grados de precariedad, la pregunta ‘quién hizo mi ropa’ puede no tener respuesta cierta. Los mismos diseñadores reconocen que más allá de sus intensiones de hacer bien las cosas, la pérdida de control en la cadena de producción es real.

Por otro lado, el precio final de las prendas tampoco sería un indicador muy eficiente para tratar de inferir su origen, ya que según datos 2015 de la Fundación Pro-Tejer,  del precio de un jean de primera marca sólo el 14,4 % corresponde a costos de fabricación, contando la materia prima e incluyendo lo que recibe el confeccionista que es menor al 1%.

Sin importar el presupuesto disponible, ni los circuitos de compras frecuentados, el acceso a la información para un ciudadano que va ganando conciencia no es nada sencillo y las opciones, pocas.

Pero la moda rápida tiene otro aspecto negativo a considerar: la distorsión que genera sobre la demanda y los precios. La moda rápida nos hace creer que podemos seguir comprando al ritmo actual, y que destinar ese resto de los ingresos a la compra de un jean más, nos contagia del privilegio de pertenecer.

‘El mundo de la moda arma una mega burbuja que no conecta al taller que produce la materia prima y confecciona con el producto final, es como ver una película de la mitad para adelante. Sólo te quedas con la foto de la modelo en la pasarela, sin conocer el resto de la historia. Si la moda no está asociada a una industria y seguimos viendo la foto final y no el proceso, nunca vamos a poder conectar la con cuestiones más estratégicas.’ Caro Urresti

El costo de una prenda diseñada para durar, confeccionada con materiales nobles y condiciones de trabajo dignas se refleja en el precio final. Aunque su precio sea justo,  la  moda rápida ha generado tal distorsión que esos productos indefectiblemente serán percibidos como muy caros o inaccesibles.

“En Abre queremos que la marca funcione, pero no queremos trabajar con gente a la que no le podemos pagar. Lo haremos de a poco. Queremos  generar cultura desde nuestro lugar, la indumentaria es nuestra manera de aportar. Buscamos transmitir que la indumentaria no es descarte, proponemos buenas piezas un poco más caras pero que duran más.  La educación es un factor clave.” María Laura Leiva y Luz Arpajou

 

Talleres clandestinos

En días cercanos al Fashion Revolution Day (24 de abril), en Argentina se conocieron dos noticias locales vinculadas con los talleres clandestinos ambas fueron mencionadas en el encuentro por Tamara  Rosenberg de Fundación La Alameda:

  • El 27 de abril se cumplió un año del incendio ocurrido en el taller clandestino de la calle Páez en el barrio de Flores en el que murieron dos niños de 5 y 10 años. En estos días se ratificó el procesamiento del empresario textil Lee Sung Yop por el delito de “trata de personas con fines de explotación laboral agravado”. Por el incendio todavía no hay imputados.
  • El 18 de abril comenzó el juicio por el incendio en el taller clandestino de la calle Luis Viale en el barrio de Caballito, ocurrido hace 10 años. Allí murieron 5 niños y un adulto víctimas de explotación laboral. Los que llegan imputados al proceso oral son los dos capataces del taller, no así los dueños de la fábrica textil que sigue funcionando a pocos metros del lugar del incendio.

La preocupación por la pérdida progresiva de los oficios es mundial, no sólo en el mundo de la moda. Para que los saberes se transmitan de generación en generación y los más jóvenes conserven el interés, deben ser remunerados justamente. Lo mismo vale para la confección: profesionalizar el sector implica pagar salarios justos. Que muchos de los trabajadores de los talleres clandestinos pertenezcan a la comunidad boliviana, no lo convierte en un problema ajeno a nosotros, algo que no siempre resulta tan obvio.  Ellos tienen los saberes y realizan el trabajo aquí. Si la clausura de un taller clandestino no comprende la atención de las necesidades de las personas que están siendo explotadas, las convierte doblemente en víctimas. Hay otros aspectos a considerar, además del laboral o el económico.

‘La persona que necesita trabajo, se sienta frente a la máquina de coser y acepta lo que le ofrecen. La entrada al país de producto terminado afectaría hasta ese trabajo precario… Mientras el futuro trabajador no tenga las herramientas como para discernir si va a ser esclavizado o no, o desconozca qué otras fuentes de trabajo podría tener, va a seguir pasando, sin personas dispuestas a hacer el trabajo en esas condiciones, el trabajo esclavo no tendría lugar.’ Caro Urresti

 

Producción Local

Si bien la importancia de la producción y el consumo local se mencionaron al final del encuentro a raíz de una pregunta del auditorio, esta jornada hubiese sido un buen ámbito para darle lugar a  la preocupación creciente que existe en el sector textil por las importaciones.

En diciembre del 2015 se derogaron las DJAI (declaraciones juradas anticipadas de importaciones) como herramienta regulatoria de las importaciones para ser reemplazadas por el SIMI (Sistema Integral de Monitoreo de Importaciones). En el primer trimestre del año  la importación de textiles y confecciones subió casi un 8%, en gran medida como consecuencia de la aprobación de todas las solicitudes pendientes al momento de hacer el cambio de sistema. La política de importaciones del nuevo gobierno todavía no es clara. Las cámaras que nuclean a la industria vienen alertando sobre el enorme daño que produciría su no regulación.

 

Ciudadanos concientes

Reconocer a la moda como factor de crecimiento económico y de generación de empleo, y también como un aspecto importante de la identidad de un país es una decisión. Involucra al Estado, a las universidades, a las cámaras industriales y de comercio y a otras organizaciones que representan los intereses del sector,  a los medios especializados, a los diseñadores, a las marcas. Los ciudadanos podremos tomar mejores decisiones a partir de recibir educación y tener acceso a la información. Preguntarle a las marcas quién hizo nuestra ropa es un gran paso y la creciente demanda de transparencia es un factor de cambio real. Pero también debemos exigirles respuestas a nuestros representantes en el Congreso y a nuestros gobernantes.

 

A continuación compartimos dos párrafos de los conferencistas Susana Saulquin y Miguel Ángel Gardetti, quienes se refirieron entre otras cosas, al uso del algodón (orgánico y convencional).

 “¿Es el algodón sinónimo de desarrollo social y beneficio para el medio ambiente? Todos conocemos o deberíamos conocer cuál es el impacto de su cultivo; con Susana (Saulquin) hemos debatido muchas veces acerca de la preferencia del sector privado -no sólo de las grandes empresas, también de los emprendedores- por el algodón ¿Qué miopía nos hizo poner a este material en el centro del sistema? Si hablamos de algodón tenemos que pensar en competir inexorablemente con China. Una de las formas que adopta esa competencia son los talleres clandestinos… Hablando del algodón, del greenwashing y de las certificaciones, me gustaría decir que el algodón orgánico no es la solución sustentable que se esperaba en su momento. De hecho Patagonia, una de las empresas más avanzadas en sustentabilidad en el mundo, decidió en mayo del 2015, reducir sus compras de algodón orgánico en un 50 % y para la colección verano 2016 esperaban reemplazarlo por algodón reciclado. Existe mucho greenwashing asociado al algodón orgánico.” Miguel Ángel Gardetti del Centro Textil Sustentable

“Un problema muy fuerte para pensar en el futuro es el tema de los materiales. Se habló del algodón como ‘el chico malo’, que de hecho lo es por la enorme cantidad de pesticidas y otros químicos que demanda. Creímos que el algodón orgánico era la panacea, sin embargo hoy sabemos que su cultivo requiere más cantidad de agua y más cantidad de tierras que el algodón convencional. No son lo mismo, pero el algodón orgánico está pensado para una elite que puede pagar su alto precio. La idea es reemplazar al algodón convencional por otros materiales como el ramio, el formio, el lino que antes teníamos y se perdió por esta necesidad de producir monocultivos de algodón. Por eso le pido a los diseñadores que empiecen a pensar en salir de la masividad del algodón. Tengamos en cuenta a las lanas, a los camélidos, es fabuloso que en Argentina podamos inclinarnos a su producción. Tenemos que estar orgullosos de nuestro país, nuestros materiales y diseñadores.” Susana Saulquin

 

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